A veces
te reconozco
y tú no me ves
porque no puedes.
Me escondo,
si puedo,
sin querer,
sinvergüenza,
sin miedo
y a veces
con miedo,
aterrorizada.
A veces
llevo el miedo
cosido
debajo de la piel:
el recuerdo
que me acecha por la noche.
Una pesadilla
y otra;
y una realidad;
y otro sueño;
y tiro de los hilos
para encontrar un por qué
y atarlo,
pero no existen las razones,
como no existe la justicia,
ni las soluciones,
sólo apaños...
y no me queda
tela.
Y vivir es esto:
Vivir es provisional
y nadie vendrá a salvarte.
"Estás
sola";
esta es
la única certeza
y a veces la única consolación;
y a veces tu mayor miedo;
y a veces es mentira;
y a veces quieres que lo sea.
Pero a la verdad no le importan
tus dilemas mentales,
ni aquella Gran Causa:
aunque no lata este corazón,
aunque te pierdas,
la verdad sigue su rumbo...
y como todo lo demás,
decide
te reconozco
y tú no me ves
porque no puedes.
Me escondo,
si puedo,
sin querer,
sinvergüenza,
sin miedo
y a veces
con miedo,
aterrorizada.
A veces
llevo el miedo
cosido
debajo de la piel:
el recuerdo
que me acecha por la noche.
Una pesadilla
y otra;
y una realidad;
y otro sueño;
y tiro de los hilos
para encontrar un por qué
y atarlo,
pero no existen las razones,
como no existe la justicia,
ni las soluciones,
sólo apaños...
y no me queda
tela.
Y vivir es esto:
Vivir es provisional
y nadie vendrá a salvarte.
"Estás
sola";
esta es
la única certeza
y a veces la única consolación;
y a veces tu mayor miedo;
y a veces es mentira;
y a veces quieres que lo sea.
Pero a la verdad no le importan
tus dilemas mentales,
ni aquella Gran Causa:
aunque no lata este corazón,
aunque te pierdas,
la verdad sigue su rumbo...
y como todo lo demás,
decide
alejarse.
Ahora tú
sólo puedes respirar
cuando no te veo,
y así, te veo morir
con cada amanecer.
Cada noche
dices
que aún nos queda tanto
por hablar,
y me abandonas.
Y yo me obligo a despertar
para no sentirme piedra,
pero vuelvo a cerrar los ojos
y sigues allí
sólo para volver
a irte,
sólo para volver
a arrancarte de mí,
pero nunca
para volver.
Ahora tú
sólo puedes respirar
cuando no te veo,
y así, te veo morir
con cada amanecer.
Cada noche
dices
que aún nos queda tanto
por hablar,
y me abandonas.
Y yo me obligo a despertar
para no sentirme piedra,
pero vuelvo a cerrar los ojos
y sigues allí
sólo para volver
a irte,
sólo para volver
a arrancarte de mí,
pero nunca
para volver.