Hablan de ti,
estas paredes,
los libros,
algunos días.
Todos.
Y no lo saben.
Y fingen.
Fingen
que no lo saben.
Cuando hablan
con tus palabras,
del lugar donde naciste,
de las bromas que hacías.
Fingen
que todo es una bella
coincidencia.
Estos pies,
cómplices,
recorren
las mismas calles
que solíamos recorrer
y se pierden
donde solías perderme.
Acabo en callejones
sin salida,
con graffitis
que vandalizan
impunes
mi conciencia:
"Esto es todo lo que hiciste mal"
"Estas son tus puertas cerradas".
Y estas manos,
traidoras,
tocan a otros
como solían tocarte
y descubren,
curiosas,
mundos que construimos
y no se atreven
a quemarlos,
a ahogarlos,
a borrarlos;
y se contentan
demasiadas veces
con quemarme,
con ahogarme,
con borrarme.
Y este cuerpo
redescubre,
debajo de otras sábanas,
las caricias
que tú le enseñaste.
Y suenan canciones
que sonaban
cuando estábamos juntos.
Cuando el mundo
contigo
aún tenía algo de sentido.
Allí estaban ellas
como testigos,
y aquí vuelven ahora
a recordarme el crimen.
Y suenan incluso
cuando les pido
silencio,
y suenan
cuando necesito
paz.
Y suenan,
como sonaban antes;
cuando no conocía el miedo
a volver a verte,
ni el miedo,
mayor si cabe,
a no volver a verte
nunca.
estas paredes,
los libros,
algunos días.
Todos.
Y no lo saben.
Y fingen.
Fingen
que no lo saben.
Cuando hablan
con tus palabras,
del lugar donde naciste,
de las bromas que hacías.
Fingen
que todo es una bella
coincidencia.
Estos pies,
cómplices,
recorren
las mismas calles
que solíamos recorrer
y se pierden
donde solías perderme.
Acabo en callejones
sin salida,
con graffitis
que vandalizan
impunes
mi conciencia:
"Esto es todo lo que hiciste mal"
"Estas son tus puertas cerradas".
Y estas manos,
traidoras,
tocan a otros
como solían tocarte
y descubren,
curiosas,
mundos que construimos
y no se atreven
a quemarlos,
a ahogarlos,
a borrarlos;
y se contentan
demasiadas veces
con quemarme,
con ahogarme,
con borrarme.
Y este cuerpo
redescubre,
debajo de otras sábanas,
las caricias
que tú le enseñaste.
Y suenan canciones
que sonaban
cuando estábamos juntos.
Cuando el mundo
contigo
aún tenía algo de sentido.
Allí estaban ellas
como testigos,
y aquí vuelven ahora
a recordarme el crimen.
Y suenan incluso
cuando les pido
silencio,
y suenan
cuando necesito
paz.
Y suenan,
como sonaban antes;
cuando no conocía el miedo
a volver a verte,
ni el miedo,
mayor si cabe,
a no volver a verte
nunca.