Monday

Tres nudos

Piensas
que puedes escapar
al monstruo
que habita tu piel
y pinta
de gris los días
que querrías
explotar en mil colores.
Explotar en mil
pedazos de vida,
de cambio,
de juventud,
estallar en mí
en un orgasmo
de cambios,
de aventura.

Crees
que es suficiente
con besar
a la persona equivocada,
la eterna promesa
de locura y
de dulce indulgencia infantil
en la que me has convertido
en tu cabeza.

Allí,
visto un traje de plumas
y crees que te puedo
hacer volar;
me bañas en tinta
y crees que puedes
leerme
o que puedo escribir
un nudo a tu historia,
más allá
de la cuerda en la que has convertido
esa vida de sueño,
que los vacilantes envidiamos,
y los perdidos
llamáis rutina.
Y más allá
de tus tres nudos
perfectos,
que desearías
que desanudara,
con exceso,
indocilidad,
lujuria.

Allí,
en tus vísceras
habito,
a veces,
y te sientes
afortunado
de todo lo que sabemos,
que el mundo ignora,
y de cada sílaba
que has conseguido salvar
de tu preciosa
condena.

Pero basta
con que abra el mundo;
basta
con que cierre puertas,
y arranque
estas cortinas de terciopelo,
suave, pesado, inútil,
para que tiemble
el suelo que nos ha unido,
pero que pronto
brotará grietas
con todo lo que es real
y todo lo que soy real.

No puedo salvarte del monstruo;
no soy más que otro
-otro temible compromiso
con el futuro incierto.

Y esta rebeldía imbécil
es veneno
y droga
y condena,
y un peso
con el que sólo
puede cargar aquel
que decide avanzar
a ciegas,
en la soledad
de los cuerpos.

Aquella
que se decide insaciable,
como el horizonte
y desconoce
la medicina
que colma
sus vacíos
y quizás,
pero sólo quizás,
los tuyos.

Saturday

Eras ese concepto,
esa palabra,
ese
pensamiento a medias
que te deja un mal
sabor de boca,
y un peor
sabor de vida,
y el sueño
entrecortado,
como todas
las pocas
-demasiado pocas-
salidas.

Eras
la piedra en mi zapato,
en la travesía más larga
y eras, a la vez, ella.
Y en mi pecho
te transformabas en roca
y pesabas
hasta hundirnos.
Pero no eras tú,
más allá de la huída.

Tú, que inspirabas
relatos de terror a mis huesos...
Que jamás creyeron
-jamás supieron-
del mundo que nos has enseñado a temer
tanto,
tanto
como nos quise aprender a amar.
No eres
la persona que compongo
-si combino letras
y es tu nombre,
leo otro,
y creo que eres tú.

Si suenas
a veces
a ti
es pura coincidencia.

Así que
perdona
que no te oyera
todas las veces
que hiciste la nada;
la nada
absoluta,
en señal de aviso,
en señal de NO
Mayúsculo.
Y que vacilara, 
disléxica 
hasta notarme
con las mangas sumergidas
en lo que ha quedado de nosotros:

Esto.

De lo que otros
llaman "nosotros"
sólo nos queda
barro.
El barro
que nace
cuando mezclas
cada gota de saliva
con cada mota de polvo
que ha levantado.

Denso como la miel,
nuestros restos
mecen la tregua,
en un sueño
infinito,
hasta que podamos 
por fin
llamarla

paz.