Sunday

20/3

Cuatro estaciones.
Cuatro,
solo cuatro;
pero mi cuerpo es
un tren
y las quiere todas:

inviernos en primaveras,
que se congele el momento,
el corazón incendiado
de pasiones,
que no se da cuenta
o no quiere ver
que se está consumiendo
el tiempo
en cada latido de más.

Necesito
otoños en verano.
Que el viento que
hace bailar la copa
de los árboles
se cuele entre tu
piel como un susurro,
que te permita
descansar del calor
en un escalofrío,
un temblor
y que la piel se te erice.

Dadme
primaveras en
invierno, necesito
luces
que parpadeen,
luces
que me enciendan
y enciendan la vida
cuando todo duerme.
Este cuerpo-tren,
esta mina de fantasía
no se contenta con
 cuatro.

Cuatro son demasiado pocas,
son demasiadas
las estaciones que desea
recorrer y necesita,
y es por eso, que
ríe a veces hasta llorar
y acalla gritos
y sueña de día,
porque este cuerpo
no sabe que son cuatro y solo
cuatro las estaciones
por las que podemos parar,
como interruptores.

Yo no sé cómo explicarle
que lo que siente es confuso,
que hoy toca primavera,
 que ya basta de
tanto dolor.

 Y que me escuche.

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